Desarrollo de nuevas técnicas de plantación de árboles en ambientes extremos

El Grupo de Cartografía y Vías Pecuarias, de la ETS de Ingenieras Agrarias (Palencia) de la Universidad de Valladolid, lleva trabajando más de diez años en distintos proyectos. Coordinado por Zacarías Clérigo, actualmente se encuentra metido de lleno en una ambiciosa iniciativa europea del programa LIFE+, con el sugerente título de 'Los Desiertos Verdes', en la que participan la UVA, las diputaciones de Valladolid y León, y los ayuntamientos de Riofrío de Aliste (Zamora) y San Mateo de Gállego (Zaragoza), así como las empresas Sylma (Bélgica), Transfer Latin Business Consultancy y Groasis (Holanda).
 

De izq a der: Zacarías Clérigo, José Luis Marcos y Salvador Hernández, integrantes del equipo

Se trata de un proyecto (cuenta con una financiación de dos millones de euros y un plazo de ejecución de cinco años) que conlleva la reforestación de unas cien hectáreas en cinco provincias españolas (Valladolid, León, Zamora, Zaragoza y Barcelona). El elemento común de estas áreas es que todas ellas son zonas áridas o de difícil acceso, sobre las que ha habido numerosos intentos, pero con pésimos resultados. La razón es que la gran mayoría de los plantones mueren antes de alcanzar el primer año de desarrollo.

En este caso, el objetivo del programa conjunto consiste en alcanzar una tasa de supervivencia próxima al 90%, sin utilizar métodos de riego artificial. La parte principal es la investigación de una tecnología innovadora denominada Waterboxx, un invento del holandés Pieter Hoff que consiste en hacer crecer los arboles en zonas áridas y rocosas del planeta, incluidos los desiertos, logrando captar del aire suficiente cantidad de agua. El sistema parece simple. Se trata de una caja que tiene un agujero en medio donde se planta un árbol y de un ingenioso sistema que permite atrapar el agua de la condensación nocturna producida por el rocío y las lluvias ocasionales, dosificándola por ósmosis en pequeñas dosis al interior del árbol con una simple cuerda. El diseño de esta 'caja mágica' evita que el agua se evapore en la parte superior , y de esta forma las raíces del árbol también quedan protegidas de los rayos del sol, vientos y plagas.

Durante la aplicación del proyecto es importante obtener datos relevantes para evaluar la idoneidad de la tecnología que hay detrás del Waterboxx en relación a los problemas actuales de reforestación (necesidad de irrigación continua, tasa de supervivencia baja y coste elevado) y los efectos del cambio climático en España. En este sentido, la Universidad de Valladolid tiene la responsabilidad, sobre la base de un protocolo de control especial, de evaluar los resultados de la plantación, la supervivencia y el crecimiento de los árboles de una manera sólida y científica. «Aunque la caja está inventada y se puede mejorar, nosotros tenemos que desarrollar un sistema automático para llevar un control y un seguimiento de las plantaciones para comprobar de forma automática las marras que han salido (árboles que mueren) y por qué, y si en algún caso alguna de estas cajas no ha terminado de funcionar, porque a veces hay problemas puntuales, bien una plaga de conejos, un mal uso de ella, o se ha roto la capilaridad del suelo, lo que impide la absorción de abajo hacia arriba del agua», explica el coordinador.

Para ello, el equipo que dirige Zacarías Clérigo va a utilizar la teledetección de bajo coste - «sería impensable pensar en satélites»-, por lo que se recurrirá a globos y cámaras terrestres. Pero el fin del programa no es plantar, sino lograr la supervivencia de las especies arbóreas y que haya un porcentaje de éxito que, al menos, llegue al 90%. «La caja es una herramienta con la que llevamos probando y trabajando medio año y todavía hay cuestiones que resolver porque, por ejemplo, nos hemos encontrado con fallos cuando la mecha (una cuerda que va ajustada al milímetro a la base del recipiente y que permite el flujo del agua) no tenía su tamaño correcto».

El sistema permite que las ranuras de la caja recojan y canalicen el rocío, que introduce en el interior y hace que no se evapore, y la gran virtud es que la cuerda o mecha permite aportar la humedad permanente a la raíz. Además, las condiciones de temperatura que tiene el árbol son distintas que si estuviera a la intemperie, «pero lo fundamental - destaca Clérigo- es que cuando se haga la plantación, no se haga ningún corte de la capilaridad del suelo».

Biodegradables
Una vez efectuada la plantación y colocada la caja, esta se llena de agua, entre 10 y 15 litros, y no se vuelve a tocar. Al año o a los dos se sacan las cajas. Las hay biodegradables, es decir, se descomponen en dos o tres años, y de plástico reutilizable, como las que aparecen en este reportaje, que se pueden volver a usar para una nueva plantación.

Antes de llevar a cabo las plantaciones, se han realizado calicatas (muestras de suelo y de cada parcela en la que se va a actuar), se han hecho mediciones de la pluviometría y se han analizado las condiciones climáticas, «aunque también hemos necesitado conocer qué tipo de especies arbóreas se pueden plantar, no solo por las condiciones agronómicas del suelo, sino también teniendo en cuenta la población, porque en una zona donde se prevé que no va a haber juventud en muchos años no tiene sentido pensar en poner especies productivas», subraya Clérigo.

El equipo actuará sobre un centenar de hectáreas, con 25.000 plantaciones en total repartidas en cinco puntos de la geografía española: San Isidro (León), Valladolid (Matallana-Tierra de Campos), Zamora (Ríofrío de Aliste), Zaragoza (San Mateo de Gállego-Los Monegros) y Barcelona, donde la zona está aún por definir. A partir de febrero o marzo del 2011 se empezará a actuar en las áreas seleccionadas con la idea de empezar a plantar el 50% de lo previsto y el resto en el 2012. Pero hay zonas cuya plantación no es viable en esos meses y se esperará a octubre o noviembre, como es el caso de San Isidro, donde aún no han concluido las calicatas, aunque se conoce que es una zona de alta montaña, rocosa y con pendientes, en la que llueve y nieva mucho en invierno, pero que registra veranos muy secos. Por ello se va a optar por la plantación de 5.000 arbustos (abedul, acebo, serbal de los cazadores y dos variedades de pino) en 25 hectáreas, dado el carácter paisajístico que se quiere dar a esta zona.

Ríofrío de Aliste, en Zamora, tiene un suelo ácido, de alta montaña y con alta pluviosidad en invierno. En principio, el alcalde del municipio ha mostrado su preferencia por plantar especies productivas, como castaño y pistachos (este último se enfrentaría a duras heladas que lo harían inviable), cerezo y coníferas, aunque serán los técnicos finalmente los que decidan las más idóneas, entre las que podrían encontrarse el rebollo, la encina y el pino.

En el caso de Matallana, en Valladolid, se trata de un suelo básico y arcilloso, preparado para acoger también diversas variedades de pinos, serbal de los cazadores, genista y pistacho. Los Monegros, por su parte, tienen un suelo que ha sufrido mucho, es ácido, con roca calcárea y de mucho cuerpo, que se está desertizando al no cultivarse por tratarse de tierras donde el rendimiento agrario es pequeño. En este caso se plantarán distintas especies de pino y almez. «Elegimos estos terrenos porque en el caso de dos de ellos, Los Monegros y Tierra de Campos, nos tememos que son zonas que pueden convertirse en desiertos, y la de León, porque presenta un difícil acceso y necesita una mejora paisajística de cara al exterior. Pero también queríamos que no se concentrara solo en la Meseta, sino que abarcara la zona del Mediterráneo, cerca de una gran urbe como Barcelona, que puede aportar otras características».

Desde el punto de vista científico, el grupo también se ha interesado por comprobar el comportamiento de la plantación en determinados meses en los que tradicionalmente es impensable que salgan adelante. De hecho, fuera del programa han experimentado plantando en agosto, por ejemplo, en Tierra de Campos, en condiciones negativas y con resultados bastante aceptables. También con carácter experimental, han plantado en el Sáhara y en pleno desierto se pudo comprobar que las marras (los árboles que mueren) eran muy pocas. Y con las posibilidades que ofrece el nuevo sistema no se descarta que, en su momento, el proyecto se traslade a California, que tiene un clima similar al nuestro.

El proyecto 'Los desiertos verdes' no solo se propone lograr un aumento de la reforestación en España, sino que también aspira a originar un aumento de la creación de las pymes y, con ello, puestos de trabajos verdes en las diferentes localidades. Esto contribuirá al fomento y consolidación de una economía verde, una de las prioridades del Gobierno español.

Las posibilidades que ofrece el novedoso sistema son inmensas, aunque la erradicación de alguno de los más graves problemas que sufre la humanidad, el hambre, la pobreza y el cambio climático, se escapa a la voluntad de unos pocos. Y es que iniciativas como esta, pero a gran escala, permitirían a los países en vías de desarrollo utilizar terrenos de difícil explotación para producir alimentos, medicamentos, perfumes, madera y energía; combatir la erosión y capturar CO2, impulsar el desarrollo de industrias de servicios y la creación de puestos de trabajo.

Además, el desarrollo económico ayudará a mitigar la migración a las ciudades y el sistema podría ser financiado a través de microcréditos, ya que un pequeño agricultor no puede adquirir un sistema de irrigación por su elevado coste, pero sí puede comprar 10 Waterboxx anualmente (el coste de cada uno ronda los diez euros) ya que con diez de ellos se pueden plantar 100 árboles en 10 años.

Recuperación de la Mesta
Al margen de 'Los desiertos verdes', el grupo ha llevado a cabo, entre otros, dos proyectos europeos sobre vías pecuarias (recuperación de la Mesta, documentación, digitalización, escaneado e integración en sistemas de información geográfica) que permiten ofrecer una plataforma visual al usuario y hacer un recorrido por los caminos de la transhumancia. Concretamente en este proyecto han colaborado con dos universidades italianas, el Ministerio de Medio Ambiente de Italia, y universidades de Eslovenia, Francia y Portugal. Es decir abarcando el arco mediterráneo.

Este proyecto (Cultura 2.000), que concluyó el pasado año, se solapó con otro (Interreg) sobre la misma temática, aunque en este caso se trataba de abordar el contexto de la vía pecuaria (pastoreo, transhumancia, arquitectura...), haciendo inventarios de todo lo que ha pasado durante 500 años, lo que ha permitido también poner en valor costumbres y tradiciones. Solo en España, que cuenta con 125.000 kilómetros de vías pecuarias, aunque algunas estén ocultas por el paso del tiempo, han escaneado 300.000 documentos relacionados con estas zonas.